Centro de meditación para machistas

Captura de pantalla 2018-02-21 a la(s) 10.35.08 p. m.Dos sobrinos varones han pasado seis semanas en casa. Vacaciones útiles. La casa ha sido, en estos días, un castillo de espejos donde cada quien se vio reflejado en el otro. ¿De verdad yo era así cuando tenía 15? ¿Seré tan renegón a los 39? ¿Está bien tener 19 y no saber picar una cebolla?

Limpiamos la casa. Cocinamos. Lavamos platos. Día tras día. Charlamos. Discutimos hasta detestarnos. Y nos reunimos luego para reconciliarnos.

¿Cómo un chico puede pasar la adolescencia, llegar a la universidad, sin saber hacer un aderezo?

Los miraba y me miraba con los ojos penosos de quien comenzó a cocinar recién a los 23.
¿Por qué estos manganzones no saben cómo usar una escoba, usarla de verdad? ¿Por qué creen que limpiar la casa es indigno, una afrenta, un castigo, una pérdida de tiempo, y no algo que uno tiene que hacer nomás?

Y recordaba. Hasta hace poco, en Lima, mi casa la limpiaba una señora que iba una vez por semana. ¿Yo era el hombre más ocupado del mundo? ¿El más importante? No. Solo era un hombre criado en un hogar donde los hombres no limpiaban la casa. Para eso estaban las mujeres, las empleadas.

Mi padre no entraba en la cocina. Y yo aprendí lo mismo. Éramos los “reyes de la casa”. Los inútiles que no sabían que lo eran. Una generación después, mis sobrinos también lo son. Llegaron a mi casa creyendo que alguien iba a limpiarles el cuarto.

Ellos y yo hablamos de nuestro machismo, del raro privilegio de crecer no sabiendo cómo limpiar nuestros desastres, de la dudosa ventaja de no saber cómo preparar nuestra propia comida. Y la de los demás. Así se forma la mentalidad del privilegio: crees que hay gente hecha para hacer-soportar cosas que tú no. Machismo, racismo, clasismo se mezclan en nuestra formación.

Después de escucharnos charlar sobre estas cosas y de vernos evolucionar durante semanas, alguien me dijo: Al escucharlos, agradezco mucho no haber nacido hombre.
Quizá lo que me corresponde es agradecer a quienes me ayudan, día a día, a dejar de ser ese inútil privilegiado que no sabe que lo es. Y al feminismo, por supuesto. Mis sobrinos Sebas y Marco vuelven a Lima y estoy orgulloso de ellos.

PD: El testimonio y la fotografía han sido publicados con la autorización de los retratados. De derecha a izquierda: Marco, Sebas y Piji (tutor).

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1 Comentario

  1. Christian Reynaldo Rabanal Burgos dice:

    Jajajajajajaja.
    Excelente comentario y mejor relato de lo inútiles que podemos llegar a ser y no saberlo sobre nosotros mismos.
    Fantástico!!!!

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