Un virus no distingue estatus migratorio

Ilustración de Héctor Huamán para Salud con Lupa

Elsie y Carlos son una pareja mexicana que vive en Maine, en el extremo noreste de los Estados Unidos, y este fin de semana los llamó el dueño de la casa que alquilan. El casero quería recordarles que debían pagar la renta como todos los meses. “No le importaba lo que estaba pasando. ‘Ese es su problema’, nos dijo”, me cuenta Elsie a través del teléfono refiriéndose a lo que el casero piensa del coronavirus, la pandemia que envuelve el planeta y que se expande exponencialmente por el país. Ella y su esposo no trabajan desde hace un mes. El dinero que tenían lo gastaron en comprar comida para cumplir la cuarentena de manera estricta porque Elsie es asmática y sufre de diabetes.

Carlos es mecánico. Por la preocupación de pagar la renta ha comenzando a ir al taller todos los días. Espera unas horas pero nadie en su comunidad parece querer reparar sus coches en estos días. Por las tardes, ambos se juntan. Salen a la puerta a tomar aire. Luego ven la televisión. El Gobierno enviará por correo cheques de $1200 dólares para que los ciudadanos puedan afrontar la crisis. Elsie y Carlos llevan casi veinte años en el país pero no recibirán ese beneficio porque no son ciudadanos sino “indocumentados”, el estatus legal que define a unas once millones de personas que, como ellos, no son considerados parte ni tomados en cuenta en los planes de salud pública, ni siquiera en momentos claves como esta pandemia.

Elsie y Carlos esperarán a que el casero los llame o visite el fin de semana. Quizá discutirán. Quizá él los amenazará con echarlos, quizá les advertirá que llamará a ICE, la policía migratoria cuyos vehículos rondaban incesantemente las carreteras y avenidas de Maine antes del inicio de la pandemia. ICE ya arrestó y deportó a muchos amigos y conocidos de esta pareja. Ellos también han escuchado que el Gobierno ha suspendido los desalojos durante el tiempo que dure la crisis, pero nada le prohíbe a un casero amedrentar a sus inquilinos.

El otro día ambos salieron a tomar el aire en la puerta de casa. Entonces empezó a llover. Se metieron al carro y se quedaron allí un rato en silencio escuchando cómo las gotas de agua golpeaban el techo. Discutieron sus opciones. Pronto se quedarán sin comida y dinero. ¿Quizá deberían tomar sus cosas e intentar volver a México? Solo correrían el riesgo de contagiarse o de contagiar a personas en su camino. Esa noche se fueron a dormir sin tomar una decisión.

* * *

Uno de los legados más notorios de la esclavitud en los Estados Unidos es su binarismo social: patrones y esclavos, blancos y negros, blancos y no blancos, americanos e inmigrantes, ciudadanos e ilegales. En todas las combinaciones posibles, los últimos son más vulnerables, tienen menos derechos y, en el caso de las personas sin documentos, estas trabajan por menos dinero, sin beneficios sociales, sin vacaciones, sin acceso a médicos. Quienes estudian la inmigración ven una conexión directa entre la antigua economía esclavista y la actual. El indocumentado es el sucesor del esclavo.

[Lee el resto de la crónica en Salud con Lupa]

5 Comentarios

  1. Pompeyo Sánchez dice:

    El pretexto de”ilegales” permite usar al trabajador sin asumir compromisos ni cumplir con as leyes laborales vigentes. ¿El Estado (del país en el que se encuentra el migrante) gana con mantener la situación de ilegales? Pienso: ¡NO! ¿Qué mantiene esta situación? Los que contratan a los ilegales, los que se benefician con los servicios y ofertas de consumo, lo s que vuelven un negocio la ilagalidad.
    En el caso concreto de la epidemia se vuelve un arma de doble filo para ellos porque no pueden prescindir de los ilegales ni de los beneficios que perciben por mantenerlos en esa situación: “invisibles, sin voz, sin voto”. El mayor perjuicio para el migrante es no encontrar trabajo ni posibilidades de recibir ingresos, deja de ser atractivo continuar en un lugar motivandolo a “seguir ruta”, a buscar en otro lugar la oportunidad que no encuentra.

    • Pompeyo Sánchez dice:

      Disculpen, problemas con el corrector.
      El pretexto de”ilegales” permite usar al trabajador sin asumir compromisos ni cumplir con las leyes laborales vigentes. ¿El Estado (del país en el que se encuentra el migrante) gana con mantener la situación de ilegales? Pienso: ¡NO! ¿Qué mantiene esta situación? Los que contratan a los ilegales, los que se benefician con los servicios y ofertas de consumo, los que hacen de la ilegalidad un negocio. En el caso concreto de la epidemia se vuelve un arma de doble filo para ellos porque no pueden prescindir de los ilegales ni de los beneficios que perciben por mantenerlos en esa situación: “invisibles, sin voz, sin voto”. El mayor perjuicio para el migrante es no encontrar trabajo ni posibilidades de recibir ingresos, deja de ser atractivo continuar en un lugar motivandolo a “seguir ruta”, a buscar en otro lugar la oportunidad que no encuentra.

  2. Luis Chumpitaz dice:

    Yo viví un tiempo en Buenos Aires, Argentina; la situación es similar, en muchos países hay indocumentados, muchos porque no tramitaron a tiempo y otros porque no les importó, parece mentira, pero la educación y los valores que nos implantan desde niños son muy importantes, saludos

  3. Edilberto Vega dice:

    excelente información Marcos, saludos y bendiciones.

  4. Anónimo dice:

    De acuerdo…mucho más incomprensible cuando el “patrón” comparte tu etnia pero no tu condición económica…

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