Cómo aprender “Los pollitos dicen” en quechua

Estos son mi papá y mi mamá durante un viaje a Lima, donde pasaron unos días después de casarse. Ambos eran bilingües. Hablaban quechua y castellano. Él era de Huancarama, Apurímac, tierra de carnavales alegres. Ella, de Qapaqmarca, Cusco, tierra del takanakuy. ¿En qué idioma se enamoraron? ¿En cuál se decían te quiero? ¿Kuyakuyki, Zoilachallay? ¿Kuyakuyki, Isaurocha?

Son cosas que nunca sabré aunque me gusta pensar que hablaban mucho en quechua, ese mismo idioma dulce en el que ahora, cuando ellos ya no están, comienzo a balbucear como bebé cosas que debí de haber aprendido hace décadas. Cosas que ellos debieron haberme enseñado.

-¿Maymantan kanki? (¿De dónde eres?)
-Ñuqa Abancaymantan kani. (Soy de Abancay)

Y a toda hora atosigo a mi esposa de amor gramatical:

-Sunqu, corazón; sunqucha, corazoncito: sunquchallay, mi adorado corazoncito.

Mis padres tuvieron cinco hijos. Ella murió en un episodio triste que cuento en mi libro De dónde venimos los cholos. Mi padre, ya viudo, y mis hermanas migramos a Lima. Yo tenía poco más de dos años, cuando llegamos a Zárate, en San Juan de Lurigancho, el distrito donde más quechua se habla en el Perú; y entonces este idioma todavía se respiraba en la casa. Mi padre me cubría con la frazada al hacerme dormir y me decía quñicha. Mi ombligo era puputi. Mi pene, urpi.

Pero no aprendí mucho más o no recuerdo mucho más porque el Quechua dejó de hablarse en casa como si el gobierno lo hubiera prohibido por ley. A veces, cuando recibíamos visitas, los adultos se apartaban, apartaban a los niños, ponían una caja de cerveza en el centro y, mientras se turnaban bebiendo del mismo vaso, instalaban una burbuja lingüística infranqueable donde hablaban ese idioma clandestino.

¿Nos estaba protegiendo? El bullying en la escuela era brutal. Bastaba que tu acento evidenciara tu origen para que la experiencia de aprender ma, me, mi, mo, mú, se convirtiera en la experiencia de no querer abrir la boca. Detestabas ese idioma secreto que te hacía hablar así, mezclando la e con la i, la o con la u. Y entonces la cirugía cultural que los adultos practicaban, cortando las raíces del quechua, impidiendo que los niños se contaminaran con el quechua, cuidando que el quechua no nos malograse la pronunciación, y de paso evitando que los nietos hablásemos con los abuelos, como si estos tuvieran una enfermedad que nos contagiaban al hablar; todo eso parecía tener mucho sentido aunque no lo tuviera. Matar la lengua era una rutina que se practicaba en la mayoría de nuestros hogares inmigrantes.

Y así pasó. Así se borró. ¿Pero saben qué, taitallay Isauro, mamallay Zoila? Hoy, miércoles 27 de mayo, día de las lenguas originarias en el Perú, quiero contarles que en verdad esta historia no termina así. En verdad, el quechua no se borró de mí. Está dentro, en alguna parte, en muchas partes. Y lo estoy recuperando, palabra a palabra, en una rutina diaria que incluye ir a clases, oír música y también cantar canciones como “Los pollitos dicen“, imaginando que estamos en un lugar tranquilo, y que ustedes me escuchan:

”Chiwchikuna minku:
chilaq, chilaq, chilaq.
Yarqaywan kaspanku, chiriwan kaspanku.

Wallpaqa maskan
Sarata, triguta
Mikunata qun, qataytapas qun”

¡Feliz día del Quechua, masillaykuna! Y gracias a mi yachachiq Yuly Tacas, del Instituto de Quechua KUSKA.

6 Comentarios

  1. Amapola dice:

    Hermoso texto.

  2. Anónimo dice:

    Gracias, me infunde un gran orgullo

  3. Anónimo dice:

    Gracias Marco, leerte siempre me recuerda que no estamos solos.

  1. […] sociales. El escritor Marco Avilés, en un artículo, precisamente se permite imaginar cómo sus padres quechuahablantes pudieron haberse enamorado, y expresado emociones usando el quechua. Del mismo modo Jaime Rodríguez en otro texto compartió cómo el uso del quechua, lo que él […]

  2. […] sociales. El escritor Marco Áviles, en un artículo, precisamente se permite imaginar cómo sus padres quechuahablantes pudieron haberse enamorado, y expresado emociones usando el quechua. Del mismo modo Jaime Rodríguez en otro texto compartió cómo el uso del quechua, lo que él […]

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