Nuestros clavos en común

Dentro de un plan de alfabetización, en la Lima de inicios de los años setenta, les dieron a muchas personas cámaras fotográficas para que retrataran lo que para ellas era la explotación. Era una invitación para graficar un concepto o para conectar la abstracción con la realidad cotidiana. La gente trajo la foto del dueño de la tienda, la persona que cobra el alquiler, la burocracia. Un niño, sin embargo, trajo la foto de un clavo en la pared.

¿Qué tenía que ver un clavito con la explotación? El niño, que era lustrabotas y vivía lejos del centro de Lima, no podía cargar su caja de trabajo todas las noches a casa. Y contó que el clavo era el clavo en la tienda de un señor que le cobraba entre 2 y 3 soles por guardarle esas herramientas, colgándolas en ese clavo.

La «explotación» puede ser un concepto capaz de sumir a los políticos en larguísimos debates, desde orillas antagónicas, entre quienes dicen que no existe, que todo está en tu mente, hasta quienes dicen que sí, obvio, y enseguida, citan alguna estadística dramática aunque fácilmente olvidable. Pero la explotación, desde el lado de la ciudadanía, suele tener formas absolutamente concretas: un clavo, una empresa que no te paga tus beneficios, una computadora encendida frente a tus ojos durante 14 horas todos los días, y así. Compartir las experiencias físicas y cotidianas de la explotación es un puente a la empatía, a conocernos y entendernos y, quizá, para acercarnos. Porque esa persona que votará por esa opción que te parece sospechosa o terrible es, también, alguien tanto o más explotada que tú. No hay que perder de vista ese hilo.

Pd:

El caso es parte del libro «Teatro del oprimido», de Augusto Boal, que tiene muchas historias y experimentos en esa Lima de los años 70. Acá el pdf. La historia del niño y el clavo, página 37.

http://biblioteca.clacso.edu.ar/Cuba/casa/20200419044829/Teatro-del-oprimido.pdf

1 Comentario

  1. Jenny dice:

    La explotación en nuestro país es tan diversa y el cambio está en cada uno de nosotros

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