Clones en las salas de redacción

Cuando se habla de falta de diversidad en los medios de comunicación, no solo se habla de falta de diversidad de género, étnico-racial, del rechazo a profesionales con discapacidades, entre otros puntos, sino también de falta de diversidad ideológica.

Los medios no se alinean con una oferta electoral porque necesariamente los periodistas firmen actas de sujeción, sino porque también, desde las jefaturas, suelen organizarse con equipos de personas que piensan igual o más o menos igual. Entonces nadie necesita firmar nada sino solo ser quienes son de manera colectiva. Como en los ejércitos de clones de la saga de Star Wars.

El problema es que, cuando tienes equipos de personas que piensan más o menos igual, los errores y puntos ciegos y sesgos, en lugar de ser discutidos, se validan y expanden.

“Mi experiencia liderando una sala de redacción me ha mostrado una y otra vez que la diversidad del equipo desemboca en una mejor cobertura”, decía la ex editora del New York Times Margaret Sullivan. “Pero no de una manera ingenua, obvia o determinista del tipo: ‘las mujeres escriben sobre cosas que les interesan a las lectoras’. En realidad, funciona más así: Cuando el grupo es verdaderamente diverso, el perverso pensamiento colectivo que vuelve predecible a una publicación y, a veces, involuntariamente sesgada, es más probable que se reduzca”.

Los medios no diversos pueden perfectamente contribuir a la polarización, más allá de la voluntad individual de sus periodistas. Lejos de ser vistos solo como equipos de personas “objetivas”, las salas de redacción tienen que ser vistas como equipos de personas con sesgos e identidades individuales. Los sesgos pueden multiplicarse en un medio hasta la disociación de la realidad (como ocurre ahora) o problematizarse con diversidad y con diálogo.

Ojalá pudiéramos contar con programas de radio y tele donde periodistas que, compartiendo una mesa de conducción, piensen distinto en materia política y económica. Las discrepancias y matices enriquecen y hacen mejores medios.

Si soñamos con países más democráticos, los y las periodistas tenemos mucho qué hacer dentro de nuestra propia industria. Para comenzar, podemos alimentar espacios para discutir de estos temas de manera abierta. No contribuye mucho que nos pongamos de perfil haciendo como que las observaciones del público no existieran, o que son válidas para los otros medios pero no para el mío. La gente puede equivocarse en las razones del problema (hasta suscribir teorías de la conspiración), pero quizá no se equivocan tanto cuando señalan la evidente falta de diversidad de los medios poco diversos.

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