img_1645-1 Cuando era editor en la revista Etiqueta Negra, una de las bromas que rondaban las oficinas era que allí solo podían trabajar periodistas solteros. Más que broma, parecía una maldición. Los editores renunciamos uno tras otro después de cumplir cada quien una etapa. Lo extraño era que apenas uno se marchaba de allí, se casaba o iniciaba una familia. La broma, por supuesto, tenía un fondo económico: lo que uno ganaba allí estaba bien para ser soltero, pero no para mantener una casa completa.

El dinero -los sueldos bajos, los honorarios ínfimos, las peleas constantes con los contadores- es uno de los combustibles que motivan la alta migración dentro del periodismo latinoamericano. Los reporteros tienen ojeras no solo porque trabajan mucho en sus reportajes, sino porque se pasan las noches estudiando sus cuentas de ahorros.

Esta preocupación constante por el dinero no siempre es fructífera. Algunos dicen que un poco de austeridad y hambre es buena para el artista, pero después de pasar algunos años en el oficio puedo asegurar que la miseria dentro del periodismo no genera mejor periodismo sino lo contrario. También ahuyenta a los jóvenes periodistas del oficio o los corrompe. Okay. Entonces, ¿qué? Todo está mal. ¿Nos aventamos del puente?

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Hace un par de años me mudé de país (del Perú a Estados Unidos), de forma de vida (de la ciudad al campo) y de trabajo (del periodismo a la cocina). Pero, contra lo que podría parecer, en estos años en que menos tiempo tuve para escribir escribí más. Hice periodismo. Una forma de periodismo que por ahora está cobijada en los diarios que escribo después del trabajo. Hace unos meses dejé la cocina y entré a trabajar como promotor de salud a una ONG que colabora con agricultores migrantes. El día a día es emocionante. Voy de granja en granja. Visitando a esos trabajadores que hacen posible que tú yo yo disfrutemos cada día nuestro plato de comida. No publico. Pero tengo un sueldo. El trabajo me gusta. Y escribo. ¿Es posible que otros periodistas encuentren una solución similar a sus crisis vocacionales? ¿Es posible dejar de trabajar como periodistas (estable o freelance) y aventurarnos al mundo a trabajar de lo que sea para escribir sobre eso que vemos y vivimos en carne propia?

Compartí mi experiencia como periodista en otro planeta con 15 colegas de distintas partes de la galaxia: Perú, Francia, Argentina, Bolivia, México. La charla fue online. Y todo fue felicidad. Los participantes atendieron desde la comodidad de sus camas, estudios, cocinas. Fue bonito encontrarme, gracias al milagro de la tecnología y del ocio, con colegas como Alex Ayala y Santiago Rosero.

Pronto más noticias. Más charlas. ¿Talleres? ¿Talleres de cocina? No. Talleres de escritura o edición. Eso.

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